La intensidad como factor determinante
Durante décadas, las recomendaciones de higiene del sueño desaconsejaron el ejercicio en las horas previas al descanso. Sin embargo, investigaciones actuales de la Revista Europea de Ciencias del Deporte y la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos ofrecen una perspectiva distinta.
Un estudio realizado con 12 hombres sanos demostró que realizar 30 minutos de ejercicio aeróbico moderado, finalizando 90 minutos antes de acostarse, no alteró la calidad del sueño ni la temperatura corporal.
El cardiólogo deportivo Christopher Tanayan explicó que las rutinas que no elevan excesivamente la frecuencia cardíaca, como caminar, el yoga o los estiramientos, favorecen la liberación de hormonas de bienestar. Estas actividades ayudan a reducir el estrés acumulado durante la jornada laboral y preparan al organismo para la desconexión necesaria al cierre del día.
El riesgo del esfuerzo vigoroso
El panorama cambia cuando se trata de entrenamientos de alta intensidad. El investigador del sueño Josh Leota advirtió que el ejercicio extenuante activa el sistema nervioso simpático, conocido como la respuesta de lucha o huida. Este proceso libera hormonas del estrés y eleva la temperatura central del cuerpo durante varias horas, lo cual envía una señal de alerta que dificulta la conciliación del sueño.
Para quienes prefieren el levantamiento de pesas pesado o el entrenamiento de intervalos (HIIT), los expertos sugieren establecer un margen de al menos tres horas antes de dormir. Este tiempo permite que el sistema cardiovascular retorne a su estado de reposo.
Además, la investigadora Jingyi Qian destacó que factores externos, como la exposición a luces intensas en los gimnasios y el consumo de bebidas con cafeína, suelen ser los verdaderos responsables del insomnio en atletas nocturnos.