El pasado lunes comenzó formalmente la zafra de la pera Williams en las provincias de Río Negro y Neuquén. El inicio de esta actividad, fundamental para la economía del norte patagónico, se desarrolló en un clima de tensión entre los chacareros. La principal causa del malestar es la ausencia de un precio de referencia para la fruta, lo que obliga a los productores a entregar su mercadería a las empresas empacadoras bajo un sistema de consignación sin garantías de cobro que cubran los costos básicos.
La situación del sector primario es crítica debido a que los gastos de producción, que incluyen mano de obra para la cosecha, energía y logística, se incrementaron significativamente. Al no existir un valor de mercado fijado al momento de la recolección, el productor asume todo el riesgo financiero de la temporada. Esta dinámica histórica de “entregar sin precio” se ha vuelto insostenible para las unidades productivas de menor escala.
El dilema de la rentabilidad
La pera Williams es un producto con una ventana de cosecha muy estrecha debido a su rápida maduración. Esta urgencia biológica condiciona al productor, quien no puede retener la fruta en la planta para negociar mejores condiciones. Si la pera no se cosecha en el momento exacto, pierde calidad de exportación y su destino final termina siendo la industria de jugos, donde los valores pagados son considerablemente inferiores.
Desde la Federación de Productores señalaron que el esquema actual desincentiva la reinversión en las chacras. La incertidumbre sobre la liquidación final, que suele ocurrir meses después de terminada la cosecha, impide planificar el próximo ciclo productivo. A este escenario se suma la competencia internacional, que exige estándares de calidad elevados mientras los costos internos en la región continúan en ascenso.