Adiós al “Parmesano” y al “Gorgonzola”: por qué los quesos argentinos deben cambiar de nombre

El acuerdo Mercosur-Unión Europea protege 350 denominaciones de origen, obligando a los productores locales a rebautizar sus clásicos para evitar conflictos legales.

La firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea ha traído una consecuencia directa para las góndolas argentinas: una transformación en las etiquetas de los quesos. El motivo es la protección de la Propiedad Intelectual y las Indicaciones Geográficas (IG) exigidas por los europeos. Nombres emblemáticos como Parmigiano Reggiano, Gorgonzola, Provolone Valpadana o Grana Padano pasarán a ser de uso exclusivo para los productos elaborados en sus regiones de origen en Europa, dejando a los maestros queseros argentinos ante el desafío de bautizar sus creaciones con nombres propios y regionales.

Esta disputa, que se negocia desde hace más de una década, busca que los consumidores no confundan un producto local con el “original” amparado por siglos de tradición. Si bien existen excepciones para empresas que demostraron producir estos quesos antes de fechas de corte específicas (como 2012 o 2017), las nuevas marcas o aquellas que no califiquen para el “derecho de abuelo” deberán retirar estas denominaciones. Para la industria láctea argentina, esto implica no solo un cambio de envase, sino una fuerte inversión en marketing para imponer nuevos nombres en el paladar de los argentinos.

Maestros queseros destacados, como Juan Mendoza (ganador de premios mundiales con Lácteos Azul), ven en esta restricción una oportunidad de oro. “Es lo mejor que nos puede pasar”, sostiene Mendoza, quien ya ha rebautizado sus productos con nombres como Mariello, Stracco o Quadratto. Según los especialistas, dejar de usar nombres europeos evita comparaciones odiosas y permite que el queso argentino sea valorado por su propia calidad y terruño, tal como sucedió hace años con el reemplazo del término “Roquefort” por queso azul o el del “Champagne” por espumante.

El impacto no es menor: la Unión Europea habilitó el ingreso de 30.000 toneladas de quesos europeos sin aranceles, lo que aumentará la competencia en las góndolas locales. Ante este escenario, la estrategia de las pymes lácteas argentinas será apelar a la identidad regional para diferenciar sus productos. Aunque el acuerdo aún enfrenta filtros legislativos en los 27 países de la UE —donde algunos sectores exigen “cláusulas espejo” de control sanitario—, el camino hacia una nueva nomenclatura quesera nacional ya parece irreversible.

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