terror en Palermo Chico: los crudos testimonios contra el empresario

Se conocieron detalles de la causa que investiga a un reconocido empresario por presunto abuso sexual contra alumnos de una exclusiva institución educativa porteña. Los mensajes de texto y los relatos de las víctimas exponen un patrón de manipulación que habría aprovechado la cercanía familiar y social del acusado.

Marcelo Porcel, empresario denunciado por abuso
Marcelo Porcel, empresario denunciado por abuso

La investigación judicial sobre el presunto abuso sistemático de alumnos del exclusivo colegio Palermo Chico ha ingresado en una etapa de revelaciones escabrosas que exponen la vulnerabilidad de la adolescencia frente al poder económico. Tras las últimas declaraciones en Cámara Gesell, la fiscalía a cargo de Pablo Turano ha logrado trazar un patrón de conducta repetitivo por parte del empresario Marcelo Porcel: el uso de dinero, apuestas online y alcohol como herramientas de “fidelización” para quebrar la resistencia de los compañeros de sus propios hijos.

El relato de los diez menores que ya pasaron por sede judicial coincide en puntos que estremecen por su frialdad. El empresario no solo organizaba fiestas en su domicilio de la calle Godoy Cruz y en sus oficinas de Retiro, sino que imponía una suerte de pacto de silencio bajo la premisa de que le gustaban los jóvenes “que saben cuándo callarse”. Este “secreto compartido” comenzó a desmoronarse cuando los padres de una de las víctimas descubrieron una billetera repleta de efectivo que el menor no podía justificar, lo que activó una cadena de confesiones que hoy involucra a nueve familias querellantes.

 Masajes, dinero y el quiebre de la confianza

Aunque proveer alcohol o dinero a menores no constituye en sí mismo el núcleo de la carátula de abuso, los testimonios fueron determinantes al describir situaciones de contacto físico no consentido. Varios adolescentes relataron haber recibido “masajes” en las piernas que derivaban en rozamientos genitales. Uno de los testimonios más impactantes describe una escena en un dormitorio: tras apagar la luz, el empresario habría iniciado maniobras sobre uno de los chicos presentes; al retirarse el adulto, la víctima le espetó al hijo del acusado la frase que hoy titula el escándalo: “Che, tu viejo me tocó”.

La situación procesal de Porcel es sumamente comprometida. Además de los testimonios, los peritos hallaron en sus dispositivos electrónicos imágenes de menores con poca ropa, algunas de las cuales ya fueron reconocidas por las víctimas y sus progenitores. El fiscal lo investiga por abuso sexual gravemente ultrajante, corrupción de menores y producción de material de abuso sexual infantil. Por el momento, el juez Carlos Bruniard mantiene una restricción perimetral de 300 metros hacia las víctimas y la institución educativa, mientras se aguardan los resultados de los peritajes psicológicos para la segunda mitad de febrero.

Este caso impone una reflexión necesaria para un público adulto sobre los peligros de la asimetría de poder en los círculos de élite. El prestigio social y la cercanía familiar funcionaron, durante al menos dos años, como un manto de impunidad que permitió al acusado acceder a la intimidad de los menores sin levantar sospechas. La valentía de los jóvenes para relatar lo ocurrido, incluso ante la inicial incredulidad o falta de respuesta de algunos adultos de su entorno, es el único motor que hoy garantiza que el sistema judicial avance hacia una sentencia ejemplar.

La comunidad educativa de Palermo Chico permanece en estado de alerta, mientras la justicia federal y nacional analizan el contenido de las computadoras secuestradas. La causa no solo busca determinar la responsabilidad penal de Porcel, sino también entender si existieron omisiones o complicidades que permitieron que este mecanismo de captación operara de manera impune entre 2022 y 2024 a la vista de un entorno que, por prestigio o distracción, prefirió no ver.

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