La zurda de Quintero rescata la mística: River vuelve a sonreír en el Monumental

El regreso de River a su casa tras un cierre de ciclo convulsionado en 2025 significó mucho más que tres puntos. De la mano de un Juan Fernando Quintero estelar, el equipo de Marcelo Gallardo venció 2-0 a Gimnasia y comenzó a trazar un puente entre la mística perdida y la reconstrucción necesaria.

El reencuentro entre el hincha de River y su equipo no fue un trámite cualquiera. Tras 87 días de silencio en Núñez, marcados por un final de temporada amargo y reclamos estruendosos, el aire en el Monumental se sentía cargado de una expectativa eléctrica. El desafío para el “Muñeco” no era solo ganar, sino restaurar una identidad futbolística que se había desdibujado. En ese escenario, la figura de Juan Fernando Quintero, a sus 33 años, se erigió como el eje de un equipo que intenta recuperar su mejor versión.

El partido se abrió de forma accidentada para la visita. Apenas a los 11 minutos, el volante de Gimnasia, Panaro, fue expulsado tras una entrada durísima sobre Fausto Vera. La intervención del VAR forzó al árbitro Pablo Dóvalo a rectificar su sanción inicial y a explicar, mediante el sistema de audio del estadio, una decisión que dejó al “Lobo” en inferioridad numérica demasiado pronto. Con la ventaja de un hombre más, River asumió la posesión, aunque debió batallar contra la falta de movilidad que, por tramos, transformó el dominio en un monólogo previsible.

Sin embargo, el talento individual suele ser el mejor recurso contra el orden defensivo. Quintero, que hoy porta la cinta de capitán ante la ausencia de Armani, destrabó el empate con un tiro libre magistral que dejó sin respuestas a Insfrán. En el inicio del segundo tiempo, el colombiano volvió a aparecer para conectar de zurda un centro de Colidio, sellando un doblete que liquidó el pleito. La actuación del “10” no fue solo estadística; su lucidez conceptual fue el motor que permitió a River manejar los hilos del encuentro con la jerarquía de antaño.

Incluso ante la expulsión de Viña, que dejó a ambos equipos con diez hombres, el local no perdió el rumbo. Gallardo movió las piezas con inteligencia, retrasando a Aníbal Moreno a la línea de fondo para sostener la salida limpia desde atrás. El debutante bajo los tres palos, Santiago Beltrán, fue un espectador de lujo en una noche donde el arco de River no sufrió sobresaltos. El cierre del partido fue un ejercicio de control, donde el murmullo de las tribunas ya no era de reproche, sino de una ilusión renovada.

Esta victoria representa el fin de una sequía de cinco meses sin festejos en el Monumental y permite a River mirar el calendario con otro semblante. El proceso de amalgamar a los juveniles que llegan con los referentes que quedan está en marcha. Si el objetivo es que el futuro del club se parezca a sus páginas más gloriosas, contar con la zurda inspirada de Quintero parece ser, por ahora, la mejor garantía de éxito para un ciclo que recién comienza a caminar.

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