El reencuentro entre el hincha de River y su equipo no fue un trámite cualquiera. Tras 87 días de silencio en Núñez, marcados por un final de temporada amargo y reclamos estruendosos, el aire en el Monumental se sentía cargado de una expectativa eléctrica. El desafío para el “Muñeco” no era solo ganar, sino restaurar una identidad futbolística que se había desdibujado. En ese escenario, la figura de Juan Fernando Quintero, a sus 33 años, se erigió como el eje de un equipo que intenta recuperar su mejor versión.
El partido se abrió de forma accidentada para la visita. Apenas a los 11 minutos, el volante de Gimnasia, Panaro, fue expulsado tras una entrada durísima sobre Fausto Vera. La intervención del VAR forzó al árbitro Pablo Dóvalo a rectificar su sanción inicial y a explicar, mediante el sistema de audio del estadio, una decisión que dejó al “Lobo” en inferioridad numérica demasiado pronto. Con la ventaja de un hombre más, River asumió la posesión, aunque debió batallar contra la falta de movilidad que, por tramos, transformó el dominio en un monólogo previsible.
Sin embargo, el talento individual suele ser el mejor recurso contra el orden defensivo. Quintero, que hoy porta la cinta de capitán ante la ausencia de Armani, destrabó el empate con un tiro libre magistral que dejó sin respuestas a Insfrán. En el inicio del segundo tiempo, el colombiano volvió a aparecer para conectar de zurda un centro de Colidio, sellando un doblete que liquidó el pleito. La actuación del “10” no fue solo estadística; su lucidez conceptual fue el motor que permitió a River manejar los hilos del encuentro con la jerarquía de antaño.