El expediente que manejan el juez Luis Armella y la fiscal Cecilia Incardona expone un “protocolo de emergencia” que funcionó con precisión militar entre el 1 y el 11 de diciembre de 2025. La financiera Sur Finanzas, propiedad de Ariel Vallejo —empresario de estrecho vínculo con Claudio “Chiqui” Tapia—, no solo está bajo la lupa por movimientos millonarios de dudoso origen, sino por montar una oficina de “limpieza digital” para frustrar el accionar judicial.
La prueba fundamental reside en los chats internos recuperados, donde se impartieron órdenes directas para “recaudar el dinero” y “borrar las cámaras”. En uno de los diálogos más comprometedores, la secretaria de Vallejo instruía a la tesorera Micaela Sánchez para que el personal de sistemas se ausentara y así evitar cualquier colaboración con las autoridades. El plan incluyó el formateo masivo de CPUs y la desconexión de programas de cajeros para borrar el rastro de las transacciones financieras.
El resguardo de la “caja B” también quedó en evidencia. Mensajes entre empleadas confirmaron el ocultamiento de dos cuadernos con anotaciones manuscritas que estarían fuera del circuito formal. La maniobra alcanzó su punto crítico cuando, alertada por un vecino, la Policía Federal interceptó una “mudanza” de urgencia hacia un depósito en Turdera. Allí, las autoridades hallaron servidores, cajas fuertes y detuvieron a la tesorera Sánchez mientras intentaba esconder teléfonos celulares bajo el asiento de una camioneta.
Actualmente, el proceso mantiene a tres empleados con arresto domiciliario por encubrimiento agravado. Mientras tanto, la defensa de Vallejo intenta desvincular al “jefe”, alegando que los empleados pudieron actuar por iniciativa propia para no autoincriminarse. Sin embargo, para los investigadores, la verticalidad de las órdenes sugiere que nada se movió sin el aval de la cúpula.
La causa por lavado de activos avanza ahora sobre el análisis de 40 dispositivos electrónicos que sobrevivieron a la purga. La Justicia busca determinar si el vertiginoso crecimiento de Sur Finanzas y sus préstamos inflados son la punta del iceberg de una red de simulación de operaciones mediante monotributistas, en una trama donde el fútbol y las finanzas turbias parecen converger en el mismo despacho.