Incendios en Chubut: las llamas avanzan sin control y ya devastaron 45 mil hectáreas

La crisis ígnea en la cordillera no da tregua. Tras un mes de combate ininterrumpido, los brigadistas enfrentan un pronóstico crítico de calor extremo y sequía histórica que amenaza con llevar el desastre hacia cascos urbanos y escuelas rurales, mientras la provincia inicia un millonario plan de reconstrucción.

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El paisaje del Parque Nacional Los Alerces y sus alrededores se ha convertido en un escenario de resistencia y cenizas. Chubut despide el primer mes del año con dos focos ígneos que, combinados, ya han devastado 45.000 hectáreas de vegetación nativa e implantada. Lo que comenzó como una alerta a principios de diciembre se transformó en una catástrofe que hoy pone en riesgo directo a localidades como El Hoyo, Epuyén y Cholila, donde el fuego acecha infraestructuras críticas, incluyendo escuelas agrotécnicas y tendidos eléctricos vitales para la región.

La naturaleza parece haberle soltado la mano a la Patagonia. La sequía histórica, producto de un invierno sin nevadas y un verano con precipitaciones irrelevantes, ha convertido el suelo en un polvorín. Según expertos del Servicio Provincial de Manejo del Fuego, las condiciones actuales representan el peor escenario posible: temperaturas que superan los 30 grados y ráfagas de viento de hasta 50 kilómetros por hora que dispersan las llamas a velocidades incontrolables. A este combo se suma el factor de los bosques de pinos implantados, cuyas piñas actúan como proyectiles ígneos que propagan el incendio al estallar por el calor.

En el terreno, más de 500 brigadistas trabajan con un objetivo que ya no es extinguir, sino contener y resguardar la vida. La prioridad absoluta es la defensa de viviendas y ganado, mientras los medios aéreos ven limitada su operatividad por la escasa visibilidad que genera la densa columna de humo. En medio del desastre, el gobernador Ignacio Torres anunció una inversión de $3.500 millones para la reconstrucción de 73 viviendas devastadas, un esfuerzo que intenta dar respuesta a pobladores que, tras salvar sus hogares, ven cómo el fuego les arrebata su sustento productivo.

El gobernador Ignacio Torres anunció la construcción de 73 viviendas afectadas por los incendios en El Hoyo, Epuyén y Cholila

La problemática trasciende la emergencia inmediata y plantea un debate sobre el modelo forestal y la adaptación climática. Las especies exóticas, como el pino, no solo alimentan incendios más voraces, sino que colonizan el territorio post-fuego desplazando a la flora nativa, lo que perpetúa un ciclo de vulnerabilidad. La resiliencia de la comunidad, personificada en docentes y vecinos que humedecen perímetros escolares en Cholila, es hoy la última barrera frente a un fenómeno que parece superar cualquier capacidad logística previa.

El horizonte de corto plazo sigue siendo incierto y depende de un cambio meteorológico que no asoma en los mapas. Mientras la provincia intenta restablecer los servicios básicos en las zonas ya quemadas, el foco está puesto en evitar que las llamas crucen los límites de control hacia zonas más densamente pobladas. La Patagonia cierra enero bajo una emergencia ígnea que dejará cicatrices profundas, no solo en el suelo, sino en la estructura socioeconómica de una región que exige herramientas excepcionales para un clima que ha dejado de ser previsible.

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