El cierre de enero llega con una advertencia contundente del Servicio Meteorológico Nacional: radiación extrema. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el termómetro escalará hasta los 36 °C, pero el verdadero peligro viaja en los rayos invisibles. El índice ultravioleta (UV) se situará en 11, el escalafón más alto de la escala internacional, lo que implica un riesgo “muy poco saludable”. En provincias del norte y la región de Cuyo, la situación es aún más crítica con valores que perforan el techo de los 12 puntos, exigiendo cuidados ininterrumpidos.
El índice UV no es un indicador de temperatura, sino de potencial de daño. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en niveles extremos como los de hoy, la piel y los ojos pueden sufrir lesiones graves en periodos de exposición menores a 15 minutos. El daño es, además, acumulativo: la radiación de hoy se suma a la de toda la vida, aumentando exponencialmente el riesgo de desarrollar melanomas (cáncer de piel), cataratas oculares y un envejecimiento prematuro del tejido cutáneo.
Ante este escenario, los especialistas son taxativos en sus recomendaciones: evitar el sol entre las 10 y las 16 horas. Durante esa ventana, la inclinación de los rayos solares atraviesa la atmósfera con su mayor carga de energía. Permanecer en la sombra, utilizar ropa de tramas cerradas que cubra las extremidades, sombreros de ala ancha y anteojos con filtro UV certificado son las barreras físicas indispensables. En cuanto al protector solar, debe ser de amplio espectro con un FPS mínimo de 30, aplicado generosamente y renovado cada dos horas.