El ambicioso regreso de la humanidad a las cercanías de la Luna ha encontrado un nuevo escollo en la plataforma de lanzamiento. La NASA anunció oficialmente la postergación de la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado del programa que busca establecer una presencia permanente en el espacio profundo. Lo que debía ser un hito histórico para el mes de febrero se ha transformado en un ejercicio de paciencia y rigor técnico debido a una persistente fuga de combustible en el sistema de carga del cohete Space Launch System (SLS).
La anomalía fue detectada durante las pruebas finales de presurización. Según los informes técnicos, la filtración de hidrógeno líquido obligó a los ingenieros a detener el cronómetro y priorizar la integridad de la cápsula Orion y, fundamentalmente, la vida de sus cuatro tripulantes. Este retraso no es un hecho aislado en la industria aeroespacial, pero subraya la extrema complejidad de operar con combustibles criogénicos, donde el más mínimo desajuste térmico puede comprometer una inversión de miles de millones de dólares.
A diferencia de las misiones Apolo del siglo pasado, Artemis II no aterrizará en la superficie lunar, sino que realizará un sobrevuelo de ocho días para testear los sistemas de soporte vital en el espacio profundo. Sin embargo, este traspié logístico pone en duda si el calendario hacia la misión Artemis III —el verdadero descenso humano— podrá mantenerse sin modificaciones. La ventana de lanzamiento ahora se traslada a mediados de marzo, supeditada a que las reparaciones en la torre de lanzamiento móvil sean definitivas y superen las pruebas de estrés.
La decisión de la agencia espacial estadounidense refleja una política de tolerancia cero al riesgo catastrófico. En un contexto donde la competencia con programas espaciales emergentes y empresas privadas es feroz, la NASA prefiere el costo político de una demora antes que el desastre de un fallo en ascenso. Para la tripulación, compuesta por tres estadounidenses y un canadiense, la espera es un recordatorio de que, pese a los avances tecnológicos, la física del espacio sigue siendo un entorno hostil que no admite atajos ni imprecisiones.