Leonardo Peluso – Periodista
Hay una verdad que hasta parece inaudito y casi patético tener que recordarla y es que al fútbol se juega para ganar y para ganar hay que hacer goles. Al menos desde que se empezó a competir en este deporte, la idea es que la pelota entre en el arco que defiende el equipo contrario. Pero últimamente eso no sucede a pesar que las reglas no cambiaron y que el espíritu sigue siendo el mismo.
Los goles son en el fútbol argentino cada vez más una especie que se extingue y lo peor es que si siguen así lo que se va a extinguir es el espectáculo de ver un partido de fútbol. No es un fenómeno nuevo, hace algunos años alguien dijo que ver fútbol engorda, porque como aburre, vas a la heladera o al buffet a cada rato. Más allá de lo pintoresco de la reflexión, la pregunta es notoria ¿Dónde hay un gol?
El 2026 arrancó como terminó el año pasado: con el arco cerrado. De los 45 partidos de estas tres fechas, en la primera apenas uno tuvo cuatro goles o más; en la segunda, ninguno; recién en la tercera aparecieron cuatro encuentros con ese volumen. Ver cinco goles en un mismo partido es casi una rareza. En cambio, sobran los juegos donde al menos uno no convierte: 21 sobre 45.
Las comparaciones son odiosas, siempre, pero también son siempre muy ejemplificadoras. Vayamos a Brasil que está un poco más barato, allí en el Brasileirao tiene un promedio de 2,5 goles por encuentro. Si competimos contra ese fútbol, vamos perdiendo y no sólo por el poderío económico, porque acá por estos barrios el promedio no llega a dos goles por enfrentamiento. Tenés que hacer menos de dos goles en 90 minutos.
Sin ir muy lejos en la ruta de esta idea, el debate del gol lo tienen metido en las venas tanto Boca cómo River y ya desde el año pasado. River batió récords negativos en ese rubro y aún hoy se preguntan si tiene que ir a buscar un 9 -en tres fechas los delanteros no gritaron- y Boca tiene en loop metido como un aguijón el tema de Cavani quizá el modo más simbólico de explicar la malaria.
El fútbol argentino tiene el gol metido en su ser, una marca registrada a la que le cobran nombres propios pero por razones tan vinculadas a la especulación y al miedo a perder, ese fenómeno hace varios años que se fue derritiendo y algo tendrán que hacer.. El gol no es un simple estadística: es el sentido del juego, el grito que justifica tanta atención, la madre de toda esta historia. Si la costumbre del gol se sigue perdiendo, la emoción se extravía en el mismo lugar y ahí se hará realidad la idea que sin goles no hay paraiso.